Seminario: ¿Vivimos entre psicópatas?

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El pasado jueves 19 de abril asistimos al seminario titulado “¿Vivimos entre psicópatas?”, impartido por José Carlos Fuertes Rocañín, especialista en psiquiatría y médico forense; Paz Velasco de la Fuente, abogada y criminóloga; y José Luís Martín Ovejero, experto en comunicación no verbal.

El doctor Fuertes inició el seminario realizando la siguiente pregunta: ¿son los psicópatas enfermos o delincuentes? Su ponencia se centró en explorar la diferencia entre enfermedad mental y trastorno de la personalidad. Según expuso, el enfermo mental no es consciente de sus actos, suele ser repudiado socialmente y tiene problemas sociales y legales. Por su parte, los trastornos de la personalidad se encuentran reflejados en el DSM-5, el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. La psicopatía es uno de estos trastornos de la personalidad.

Uno de los criterios para el diagnóstico de la psicopatía más reconocidos es el propuesto por Cleckley,  el cual dispone que los psicópatas comparten las siguientes características:

  • Encanto externo y notable inteligencia.
  • Ausencia de alucinaciones u otros signos de pensamiento irracional.
  • Ausencia de nerviosismo o de manifestaciones psiconeuróticas.
  • Inestabilidad, poca formalidad.
  • Falsedad e insinceridad.
  • Falta de sentimientos de remordimiento o vergüenza.
  • Conducta antisocial inadecuadamente motivada.
  • Razonamiento insuficiente y falta de capacidad para aprender la experiencia vivida.
  • Egocentrismo patológico e incapacidad de amar.
  • Pobreza general en las principales relaciones afectivas.
  • Pérdida específica de intuición.
  • Insensibilidad en las relaciones interpersonales generales.
  • Comportamiento fanático y poco recomendable con y sin bebida.
  • Amenazas de suicidio raramente llevadas a cabo.
  • Vida sexual impersonal, trivial y pobremente integrada.
  • Fracaso para seguir un plan de vida.

Los estudios acerca de la psicopatía aportan datos dispares, según Hare cerca del 1% de la población mundial es psicópata, otros autores afirman que ronda el 6%, al incluir a los psicópatas integrados. Según Fuertes, encontramos diferencias neurobiológicas entre el cerebro de un psicópata y el de una persona que no lo es. Los psicópatas se caracterizan por tener conexiones defectuosas entre el lóbulo prefrontal -la parte del cerebro que controla la emoción y los impulsos- y la amígdala responsable de la toma de decisiones.

El abordaje de esta situación pasa por tratamiento farmacéutico -antipsicóticos y entimizantes- y psicológicos -aunque no suelen ser útiles, puesto que los psicópatas no ven lo erróneo de sus actos y no sienten culpabilidad alguna-. El ponente, no obstante, quiso dejar clara una premisa: no todos los psicópatas son delincuentes ni todos los delincuentes son psicópatas. Existen muchas personas con psicopatía integradas en la sociedad y que en ningún momento delinquirán.

La siguiente en hablar fue Paz Velasco, que nos explicó, desde la perspectiva criminológica y legal, las características de los asesinos en serie, los depredadores sociales y los depredadores emocionales. Empezó su charla exponiendo una serie de datos acerca de los psicópatas:

  • La psicopatía es la ruptura entre la emoción y la razón.
  • La psicopatía es una forma de ser.
  • No todos los psicópatas son delincuentes. No todos son asesinos en serie o criminales violentes.

Velasco afirma que fue a partir 2010 cuando el término “asesino en serie” empezó a ser utilizado con frecuencia por los medios de comunicación, aunque de manera errónea. Como ejemplo, expuso el caso del conocido -aunque ficticio- Hannibal Lecter, que en “El silencio de los corderos” es clasificado como un psicópata a pesar de no tener rasgos psicopáticos, puesto que, como vemos en la película, siente emociones. No es más que una mitificación de los asesinos en serie: personas altamente intelectuales, cultas y brillantes.

Los verdaderos psicópatas criminales son impulsivos y manipuladores, no sienten emociones, empatía ni culpabilidad y no tienen miedo al castigo. Son depredadores, estrategas con un gran dominio y control de la situación, son grandes actores que muestran lo que quieren para conseguir sus objetivos, siendo plenamente conscientes de sus actos. Un ejemplo sería el caso de Javier Rosado, el llamado asesino del rol, respecto del cual el Tribunal Supremo encontró pruebas documentales -el diario en el que relataba la muerte de su víctima- que reflejaban su personalidad fría y demostraban que era plenamente consciente de sus actos.

Así, no debemos confundir psicopatía de sociópata, términos muy utilizados por los medios pero a veces erróneamente considerados similares. Los psicópatas nacen así y su ambiente social y educativo será el que los lleve a delinquir o no -así lo demuestra, por ejemplo, el caso del neurocientífico James Fallon, que se dio cuenta que tenía el cerebro similar al de los psicópatas después de realizarse un escáner-. Los sociópatas, por su parte, no nacen sino que se hacen como consecuencia del ambiente social y educativo en el que se desarrollan. La característica que tanto psicópata como sociópata comparten es la falta de empatía, pero el sociópata suele tener empatía con su entorno más cercano, puede compartir ciertos vínculos emocionales con otras personas y aprender de sus errores, disminuyendo su conducta antisocial con el paso del tiempo.

Los psicópatas que delinquen comprenden la ilicitud de sus actos, por lo que, a efectos legales, son imputables ante la justicia. Para que exista una eximente o atenuación de la pena, la jurisprudencia española requiere de la existencia de un trastorno de personalidad antisocial una patología y otra conducta. Los psicópatas integrados, por otro lado, son capaces de controlar sus impulsos, actúan seduciendo o auto victimizándose, siendo capaces de simular emociones con el fin de utilizar a las personas y conseguir sus objetivos. Tienen una ausencia absoluta de escrúpulos y abusan de los demás -lo que se conoce como vida parasitaria-. Entre las profesiones en las que existen más psicópatas integrados encontramos CEOs, abogados, cirujanos, chefs o miembros de las Fuerzas de Seguridad.

Finalmente, Velasco señaló que los depredadores emocionales son capaces de manipular a sus víctimas de manera constante emocional y psicológicamente. Buscan a alguien a quien explotar. Las fases del ataque psicopático emocional son:

  1. Se hacen las vulnerables para conseguir atraer a sus víctimas mediante historias acerca de que están pasando por un momento delicado o que tienen una autoestima baja.
  2. Fascinación/seducción. Hace sentir a sus víctimas especiales mediante regalos, halagos y una gran empatía.
  3. Idealización/manipulación. Crean un personaje para que sus víctimas caigan en sus redes, mostrándoles un amor intenso y apasionado y haciéndolas sentir su alma gemela.
  4. Desprecio/devaluación/denostación. El depredador se quita la máscara porque se ha aburrido de su víctima: la ridiculiza, la compara negativamente, le retira su apoyo y sentimientos y la infravalora.
  5. Finalmente abandona a su víctima y la hace sentir culpable y desesperada, haciéndole creer que todo es culpa suya.

En la última ponencia del seminario, José Luís Martín nos dio las claves sobre cómo se comunican los psicópatas. El ponente expuso la teoría psicológica de Paul Ekman, según la cual existen siete emociones básicas faciales:

  • Alegría. Se caracteriza por las patas de gallo.
  • Se refleja en las cejas en flecha, apuntando hacia arriba.
  • Las cejas forman una “v” y la fosa nasal se encuentra dilatada.
  • Las cejas y el parpado se elevan y los ojos están muy abiertos.
  • Los ojos se encuentran cerrados o semicerrados y el labio superior esta hacia arriba.
  • Existencia de una elevación lateral del labio, creándose un hoyuelo.
  • La boca está en tensión, con un estiramiento horizontal y las cejas están en tensión y contraídas.

Los psicópatas no sienten estas emociones por lo que las fingen y la única manera que tenemos de saberlo es porque primero expresan verbalmente sus emociones y luego las reflejan facialmente -todo lo contrario que una persona que realmente se siente de esa manera-. Para mostrarnos que la comunicación no verbal es muy importante para identificar a los psicópatas, el ponente puso varios videos como ejemplo. Destacamos el de Adolf Eichmann, un criminal de guerra nazi que al escuchar su sentencia de muerte mostró una expresión facial de desprecio, y el de José Bretón, condenado por el asesinato de sus dos hijos, que se encuentra totalmente ausente en el momento de escuchar la sentencia, como si no fuese con él.

Para terminar, Martín nos dio otras claves para identificar a los psicópatas:

  • Sonríen menos.
  • Mayor contacto visual, miranda intensa.
  • Orientación corporal hacia el interlocutor, casi invadiendo su espacio.
  • Gestos repetitivos, sin sentido.
  • Ausencia de nervios.
  • Hablan más rápido y más bajo.
  • Cuando se les pregunta por situaciones emocionales suelen hacer muchas pausas e interrupciones en su relato, puesto que hacen un esfuerzo cognitivo para saber cómo deben sentirse y cómo deben expresarlo.
  • No muestran arrepentimiento, lo que se ve cuando hablan de sus conductas delictivas y las comentan en presente, sintiéndose orgullosos de sus “hazañas”.

Concluimos este breve repaso del seminario con una recomendación: si tenéis la oportunidad de asistir no os lo perdáis, puesto que os ayudará a entender desde diferentes perspectivas lo que es la psicopatía, sus diferentes manifestaciones, la forma de actuar de los psicópatas y su lenguaje y comunicación no verbal.

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