Violencia filio-parental 2.0: perfil del adolescente que agrede a sus progenitores

Foto original por Asierromero / Freepik

La adolescencia es una etapa de la vida en la que se producen profundos cambios en el individuo (tanto físicos como psíquicos), necesarios para pasar de la niñez a la edad adulta, siendo además el momento en el se crea un antes y un después en la relación entre padres e hijos. Algunos progenitores no desean que sus descendientes se equivoquen, por lo que en vez de dejarles experimentar la adversidad y que desarrollen las habilidades necesarias para la vida, les quitan los obstáculos de la misma allanándoles el camino, pudiendo desembocar en trágicos fenómenos como la violencia filio-parental.

Como continuación de la primera parte del artículo, en esta segunda se pretende establecer el perfil mayoritario del adolescente que ejerce violencia filial.

Características de personalidad

Muchos son los autores (Cottrell y Monk, 2004; Du Bois, 1998; Pagani, Tremblay, Nagin, Zoccolillo, Vitaro y McDuff, 2004) que coinciden en que en alrededor del 80% de los casos, los chicos son los que ejercen violencia filio-parental. Pero si se tiene en cuenta el tipo de violencia empleada, son los chicos los que hacen mayor uso de las agresiones físicas, mientras que las chicas lo hacen de los chantajes emocionales (Estévez, 2016).

Los adolescentes que agreden a sus progenitores muestran ciertas características comunes de personalidad, como son impulsividad, irritabilidad, dificultades para controlar la ira, baja tolerancia a la frustración, déficits en las capacidades empáticas, egoísmo e incluso rasgos narcisistas y de personalidad antisocial (Estévez, 2016; Romero, Melero, Cánovas y Antolín, 2005). En general, no puede afirmarse que la violencia hacia los ascendientes esté motivada por trastornos mentales de los menores, pero aquellos problemas de inicio en la infancia, del estado de ánimo, de ansiedad o de control de los impulsos, son más característicos de los adolescentes de este tipo que del resto de población juvenil (Ibabe, Jaureguizar y Díaz, 2007).

En cuanto al consumo de sustancias, Cottrell y Monk (2004), Pagani et al. (2004) y Romero et al. (2005), aseguran que más de la mitad de los menores que ejercen violencia contra sus padres, hacen un uso inadecuado de sustancias. Además, también se observa que el consumo de alcohol por parte del adolescente, incrementa la dureza de la violencia ejercida. Pero es necesario matizar que el consumo de drogas actúa como potenciador de la violencia, no como factor causal (Garrido, 2010).

Características familiares

Hace unos años la violencia filio-parental se ejercía en familias desestructuradas y caóticas, pero en la actualidad este fenómeno se está observando en familias aparentemente normalizadas, procedentes de cualquier estrato social.

Algunos autores como Aroca y Alba (2012), consideran que la causa por la que los jóvenes ejercen violencia filial es por la imposición de unas pautas educativas excesivamente permisivas y/o negligentes. Estas se caracterizan por la ausencia de límites claros, el escaso control parental, la reducida comunicación entre padres y adolescente, el poco tiempo compartido en familia y la inadecuada supervisión de las actividades que el joven lleva a cabo. En cambio, otros consideran que son las pautas educativas autoritarias y/o coercitivas las causantes de la violencia filio-parental. Estas se identifican por la imposición de normas, el uso de castigos físicos y la ausencia de explicaciones verbales y razonamientos (Baumrind, 1991). Pero independientemente del estilo educativo impuesto, la violencia filio-parental se ve agravada por: a) pertenecer a una familia monoparental en la que el progenitor es la madre; b) tener unos padres divorciados que presenten estilos educativos dispares y c) tener unas pautas de crianza que comporten cierto riesgo (excesiva irritabilidad, ausencia de control, prácticas coercitivas, falta de afecto y supervisión o baja cohesión familiar) (Aroca y Alba, 2012).

Características del entorno social

Los adolescentes que agreden a sus padres suelen presentar fracaso escolar y una actitud negativa hacia la escuela y los estudios, además de comportamientos agresivos en el colegio o instituto. Las conductas disruptivas desarrolladas en el contexto escolar podrían producirse porque los padres las refuerzan siendo permisivos e inconsistentes o recurriendo a técnicas coercitivas, modelando así la conducta violenta. Asimismo, normalmente pertenecen a un grupo de amistades antisociales en el que se aprueban y cometen actos delictivos, y donde se da un consumo habitual de sustancias (Estévez, 2016).

A parte, los medios de comunicación ocupan un lugar central en la vida del adolescente, especialmente la televisión. Generalmente, la emisión de modelos faltos de valores, la deficiente calidad educativa y cultural de la programación televisiva, la aparición de conductas violentas en los diferentes programas, así como el sensacionalismo de gran parte de las noticias emitidas, son los factores de riesgo más importantes para que los adolescentes interioricen lo que ven en la pantalla como una forma de vida. En este sentido, Anderson (2004) afirma que los niños y adolescentes no entienden completamente lo que se proyecta en la televisión, por lo que son más vulnerables de verse afectados por la influencia de las escenas emitidas.

Intervención

La violencia que ejercen los adolescentes hacia sus padres presenta una etiología multicausal, por lo que la intervención debe focalizarse tanto en el menor como en la familia.

Garrido (2010) considera que los objetivos que deben perseguirse en la intervención con padres son: a) restaurar la autoridad perdida; b) desculpabilizar aumentando la autoestima; c) concretar metas realistas y progresivas y d) establecer una red de apoyo. Pero además, la intervención familiar debe ir acompañada de tratamiento individual para los menores. Para ello, debe conseguirse el cese de la violencia filio-parental y fomentarse la autonomía personal mediante: a) el entrenamiento del autocontrol; b) el desarrollo de la empatía; c) la mejora de las habilidades sociales; d) la disminución de las actitudes antisociales; e) el cese del consumo de sustancias y f) la búsqueda de una actividad que le interese al menor. Así pues, desde el ámbito socio-educativo se emplea el trabajo con iguales, ya que es en este contexto donde su conducta se acepta y refuerza. Además, debe fomentarse la prevención de las conductas delictivas mediante la imposición de normas sólidas de conducta en el hogar, la promoción de la autonomía y el aprendizaje a partir de sus actos y oportunidades para el desarrollo moral.

Conclusiones

Establecer los límites morales para determinar si una conducta dirigida hacia los demás es aceptable o no, ha suscitado grandes debates a lo largo de la historia de la humanidad. Pero si además esa conducta se lleva a cabo dentro del seno familiar, fijar esos límites se convierte en una tarea prácticamente imposible, ya que la familia siempre se ha considerado como un espacio privado e intocable, donde nada es cuestionable. Por ello, a pesar de que se han conseguido grandes avances en el estudio de la violencia filio-parental, sí que es cierto que se trata de uno de los fenómenos delictivos más complejos de nuestra sociedad. De modo que aún queda mucho camino por recorrer, y es que los desafíos científicos que plantea la investigación de la violencia filial son múltiples.

Referencias

Anderson, C. A. (2004). An update on the effects of playing violent video games.
Journal of Adolescence, 27, 113–122.

Aroca, C. & Alba, J. L. (2012). La violencia filio-parental en hijos e hijas adolescentes con rasgos de psicopatía. Criminología y Justicia, 3, 25-44.

Baumrind, D. (1991). Parentig styles and adolescent development. En I. Brooks-Gunn, R. L. Learner & A. D. Petersen (Eds.), The Encyclopedia of Adolescence (pp. 223-238). Nueva York: Garland.

Cottrell, B. & Monk, P. (2004). Adolescent-to-parent abuse. A qualitative overview of common themes. Journal of Family Issues, 25(8), 1072-1095.

Du Bois, R. H. (1998). Battered parents. Psychiatric syndrome or social phenomenon? En A. Z. Shwartzberg (Ed.), The Adolescent in Turmoil (pp. 124-133). Westport: Praeger.

Estévez, E. (2016). Violencia filio-parental o maltrato de hijos a padres. Formación Continuada a Distancia (FOCAD). Consejo General de la Psicología de España.

Garrido, V. (2010). Jornadas de violencia intramfamiliar: ¿Qué hacer con los menores? Hijos tiranos: Una aproximación a los hijos maltratadores. Universidad de Castilla-La Mancha.

Ibabe, I., Jaureguizar J. & Díaz, O. (2007). Violencia filio-parental: conductas violentas de jóvenes hacia sus padres. Vitoria-Gasteiz: Servicio central de publicaciones del Gobierno Vasco.

Loeber, R., Farrington, D. & Redondo, S. (2011). La transición desde la delincuencia juvenil a la delincuencia adulta. Revista Española de Investigación Criminológica, 1(9), 1-41.

Pagani, L. S., Tremblay, R. E., Nagin, D., Zoccolillo, M., Vitaro, M. & McDuff, P. (2004). Risk factor models for adolescent verbal and physical aggression toward mothers. International Journal of Behavioral Development, 28(6), 528-537.

Romero, F., Melero, A., Cánovas, C. & Antolín, M. (2005). La violencia de los jóvenes en la familia: una aproximación a los menores denunciados por sus padres. Documentos de trabajo. Centro de estudios jurídicos del departamento de justicia de la Generalitat de Cataluña.

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