Crítica literaria: “De los Delitos y de las Penas”, Cesare Beccaria

Detalle del cuadro “Accademia dei Pugni”, de Antonio Perego / Wikimedia Commons. Se trataba de un grupo literario al que se unió Beccaria y que desafiaba a las instituciones del Estado mediante publicaciones críticas.

“De los Delitos y de las Penas” (1764) es un ensayo jurídico escrito por Cesare de Bonesana, marques de Beccaria (1733-1781), cuya publicación marcó un antes y un después en la historia del Derecho Penal y condujo a una serie de reformas éticas, jurídicas y políticas en toda Europa.

Originalmente la obra se publicó de forma anónima, pues el autor tenía miedo de la reacción negativa que pudiese desencadenar. No obstante, su éxito fulminante la llevó a ser traducida a varios idiomas, y su visión humanitaria de las penas incidió en la reforma de muchos códigos penales europeos de aquella época. Como curiosidad, debemos destacar que en 1774 fue prohibida su venta en nuestro país por la Santa Inquisición, aunque ello no supuso ningún obstáculo para aquellos que creían en su mensaje, que siguieron divulgando la obra de forma clandestina.

La obra pone de manifiesto las inquietudes de la época, marcada por la transición entre el Antiguo Régimen, caracterizado por el absolutismo monárquico y una sociedad estamental, y la Ilustración, en la que la igualdad, la razón y el conocimiento toman un peso muy importante. Aunque Beccaria defiende principalmente ideas ilustradas, podemos encuadrarlo también dentro de los precursores del utilitarismo, pues entendía que la pena debía servir a la readaptación del criminal.

Beccaria afirma que la sociedad se funda sobre un contrato social -aquél que postulaba Rousseau años atrás-, por el que los hombres deciden limitar su propia libertad y ceder el poder al Estado para que éste salvaguarde sus derechos y garantice el orden y la paz en la sociedad. Para el autor, los delitos son violaciones de ese contrato, y los infractores deben ser castigados.

No obstante, considera que la tortura, la pena de muerte y todas las demás penas crueles e infamantes son inútiles y perniciosas, ya que no aportan nada a la sociedad y no enseñan nada al reo. Una de las frases que mejor resumen este pensamiento es la siguiente: “Parece un absurdo que las leyes, esto es, la expresión de la voluntad pública, que detestan y castigan el homicidio, lo cometan ellas mismas, y para separar a los ciudadanos del intento de asesinar ordenen un público asesinato”.

Asimismo, expone la necesidad de reformar la legislación penal, humanizándola y dotándola de todas las garantías procesales que requiera. En este sentido, el principio de legalidad es una de las garantías fundamentales que, según Beccaria, todo Estado de Derecho debe respetar. Partiendo de la doctrina de la separación de poderes de Montesquieu, este principio establece que el Poder Legislativo es el único que puede definir los delitos y sus correspondientes penas, debiendo hacerlo por medio de una ley previa, anterior a la comisión del delito, para evitar así el arbitrio judicial.

En otro de los capítulos de su obra, Beccaria defiende la igualdad ante la ley de todos los hombres. Considera que todos forman parte del mismo contrato social y que ceden su libertad de igual forma, por lo que la ley aplicada debe ser la misma. Por otra parte, también afirma que las penas que se apliquen deben ser proporcionales a los delitos cometidos, pues de otra forma las personas cometerían delitos más graves castigados con menor pena.

Sin embargo, una de las reformas más innovadoras que propuso Beccaria fue, sin lugar a dudas, la de redefinir la finalidad de las penas. En el Antiguo Régimen, éstas estaban dirigidas a atormentar y afligir, pero Beccaria consideraba que su finalidad debía ser la de impedir al delincuente la comisión de nuevos delitos -prevención especial- y disuadir a los demás ciudadanos de hacerlo -prevención general-. Asimismo, entendía que sólo pueden ser castigados aquellos que tengan capacidad jurídica y de obrar, es decir, aquellos que entiendan las consecuencias de sus actos. Esta premisa influyó positivamente en la creación de manicomios.

En definitiva, nos encontramos ante una obra imprescindible para todo aquel que estudie Derecho Penal, ya que establece muchos de los principios y garantías que nos encontramos hoy en día en nuestros ordenamientos jurídicos. Si bien puede parecernos un pequeño ensayo, no nos confundamos, pues entre sus páginas encontraremos una lectura que requerirá de toda nuestra atención y que nos hará reflexionar profundamente en más de una ocasión. Se trata, en definitiva, de una obra clásica cuyas ideas permanecen válidas en la actualidad, ya que muchos de los males que pretendía subsanar Beccaria siguen estando
presentes aun hoy en día.

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