El papel de la mujer en el terrorismo de Dáesh – David Garriga Guitart

Foto original por David Dennis / CC BY-SA 2.0

La presencia de la mujer como combatiente en los diferentes grupos terroristas de etiología yihadista es cambiante y varía según el grupo. En los estudios realizados sobre el género del terrorista antes de la aparición del Dáesh, la mujer aparece en un porcentaje mucho más bajo que el hombre. En España por ejemplo, en las actividades relacionadas con el terrorismo yihadista, eran en su totalidad de hombres los que llevaban a cabo los ataques. Si lo ampliamos a Europa, el porcentaje aumentaba a un 4% de presencia femenina en los atentados, y solo aparecía en el Reino Unido.

El Dáesh, por el contrario, admite mujeres en su organización. El porcentaje de mujeres occidentales que han viajado a Siria e Iraq para alistarse a sus filas es mucho más alto que el de las que movilizaba al Qaeda en sus primeros tiempos. Solo a nivel combativo encontramos dos nuevos grupos formados exclusivamente por mujeres y que están combatiendo en Siria, uno de ellos llamado Al Khansaa y el otro Um ar Rayyan.

Estas mujeres no solo participan en el reclutamiento de otras chicas a través de las redes sociales, sino que mediante sus brigadas se aseguran que se cumplan las estrictas normas de la sharía. Se mueven por las calles de Iraq y Siria observando las conductas de las demás mujeres, entrando en escuelas, arrestando estudiantes solo por que puedan llevar velos demasiado finos y actuando como policías de la moral.

Aunque sigue habiendo una menor proporción de mujeres que de hombres en cuanto a emprender su odisea hacia Siria e Iraq desde cualquier punto del mundo, cada vez son más las occidentales que se unen al grupo terrorista Dáesh. En datos recogidos en el año 2014, de los 4.000 desplazados de Occidente a combatir al lado de los terroristas unas 550 eran mujeres, un 13% del total.

Sus funciones dentro de este nuevo estado, aparte de las que se unen a las brigadas policiales anteriormente citadas, son varias, pero la principal por necesidades del grupo terrorista es el de procreación, objetivo fundamental para la progresión y desarrollo de su quimera.

Los datos revelan que a pesar de las alertas que corren a través de las redes sociales y los medios de comunicación sobre el peligro de la captación a través de internet por parte de los grupos jihadistas, este reclutamiento sigue siendo exitoso y en una progresión ascendente en el caso de las mujeres.

Pero, ¿qué mueve a estas mujeres a dejarlo todo y emprender ese viaje junto las filas de un grupo terrorista?

Según varios estudios de perfilación encontramos una variedad de motivos, muchos de ellos provocados por la dificultad de estas mujeres en convivir conjuntamente de manera respetuosa y armónica con Occidente. Por un lado encontramos la rabia que sienten muchas de ellas, musulmanas de primera y segunda generación, frente a los ataques -o el silencio frente a estos- de los países occidentales, ya sea de manera militar, cultural o social, contra la comunidad de creyentes del islam. Su sentimiento de discriminación en Occidente por ser musulmana, los prejuicios sobre su religión, su manera de pensar, actuar, vestir… las lleva a pensar que la sociedad occidental donde vive no las entiende, las excluye y las segrega por sus creencias, lo que finalmente las reafirma en ellas.

Otro factor es el enamoramiento virtual. Muchas de ellas, sobre todo las chicas más jóvenes, son captadas a través de reclutadores, especializados en vender sus propuestas a través de las redes sociales, que les dan motivos para confiar en él ciegamente y dejarlo todo para irse a su lado. Entre estas proposiciones esta la de un marido, una casa y una retribución económica mensual.

Por último, otro de los factores que mueven a una mujer a dejarlo todo y alistarse a las filas del Dáesh es que su marido o pareja ya forme parte del grupo terrorista y la reclame desde allí o la convenza para huir juntos.

En estos perfiles de mujeres destacan tres características principales. Por un lado  suelen ser jóvenes y usuarias de las redes sociales, con una visión romántica del mundo donde el grupo terrorista les ofrece un marido fiel, devoto y que les protegerá frente cualquier problema. Por eso, cada vez más aparecen chicas menores de edad, niñas que buscan en este viaje a un país ideal una aventura, pero no conocen la cruda realidad de su odisea hasta que ya no pueden dar marcha atrás.

Por otro, hay un componente ideológico: la mayoría de ellas sienten empatía por las victimas musulmanas de la violencia que perciben por parte de los estados occidentales. Al alistarse en las filas del estado islámico y romper con toda su vida anterior y occidentalizada creen que actúan en contra estos países que desprecian y discriminan a las personas de religión islámica.

Por último, la falta de identidad que les ofrece occidente, además de otros factores como las bajas expectativas socio-laborales. Sean de segunda incluso de tercera generación, sienten que aquí no se les da la misma oportunidad que a los autóctonos, que nunca serán vistas como una más. Por eso prefieren irse a un territorio en el que sean tratadas igual que al resto, respetando sus ideologías y creencias religiosas.

En cuanto a los perfiles que encontramos en España, hay un predominio de la mujer hispano-marroquí, localizadas principalmente en las ciudades donde están empezando a emerger las segundas generaciones, como Ceuta, Melilla y Cataluña.

Lamentablemente, una vez logran llegar a los territorios controlados por el Dáesh, se dan cuenta de que no es lo que pensaban. La lengua, las costumbres, la sociedad, la esclavitud sexual… son factores que hacen muy difícil su existencia allí e intentan volver a su país de origen. Muchas de las que lo logran, pero siguen en contacto con el grupo terrorista, lo que las convierte en una bomba de relojería para Occidente. Las que no consiguen escapar, mueren en tierras del Dáesh antes de que puedan salir de allí.

Una guía producida por la Brigada Al Khansa en la que aparecen detalladas las diferentes normas de conducta de la mujer en el Dáesh, y que hasta hace poco solo existía en idioma árabe (reglas que esta brigada hace cumplir al pie de la letra bajo castigos de encarcelamiento o latigazos), ha revelado una realidad mucho más sombría de lo que se les hacía creer a las mujeres captadas en Occidente antes de emprender su viaje a Siria.

Aspectos como la educación de la mujer, que finaliza a los 15 años y consiste en estudiar, de los 7 a los 9 años, religión, árabe coránico y ciencias; de los 10 a los 12 la ley islámica, además de aprender a tejer y cocinar, conocer el grosor de la tela del niqab… son algunas de las sorpresas que se encuentran al llegar y que no se les contó de este supuesto paraíso. Sólo en unas pocas circunstancias, según esta guía, se le permite a la mujer salir de este estado sedentario y formar parte de la lucha activa.

Autor: David Garriga Guitart

Licenciado en Criminología. Especialista en Terrorismo Yihadista. Analista de SECINDEF y Profesor de la Fundación Behavior & Law.

Autor del libro: Yihad ¿qué es?. Ed: Comanegra 2015

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